Hoy por la mañana, Pilar estaba convocada a asistir a la formación de la mesa electoral del pueblo en el que está empadronada por cuestiones de diversa naturaleza que no viene al caso explicar aquí.

Como quiera que había sido nombrada sustituta segunda de la presidencia de la mesa, enseguida hemos sabido que se libraba de "pringar" todo el domingo en tan democrática institución.

Eso ha provocado que a las 8 de la mañana ya estuviéramos absolutamente zombis (sobre todo el autor de este artículo).
Como cualquier excusa es buena para acercarse a la bonita ciudad de Benavente, hemos aprovechado a ir a tomar un "cafelito" y visitar alguno de sus parajes mientras charlábamos de nuestros planes futuros.
Entre los lugares visitados, ha estado el Parador, al que hace años que no nos acercábamos y que nos ha parecido incluso más bonito de como lo recordábamos.
Mientras charlábamos de nuestros planes en una cafetería, se ha acercado a nuestra mesa un desgarbado personaje que nos ha preguntado si teníamos entradas para los toros (!?). Luego hemos entendido el por qué de esta, a priori, surrealista pregunta.
Por cierto, dando una vuelta por Benavente, que poco a poco se despertaba de la juerga del sábado mientras se podían ver algunos preparativos para su fiesta grande, el toro enmaromado, al pasar al lado de la fabulosa iglesia de Santa María de Azogue, nos hemos encontrado con una tienda que lucía arriesgados modelos de pantalón vaquero que no nos hemos podido resistir a fotografiar (adviértase la deformidad genital del maniquí).
Tras votar y comer, hemos cogido el coche para volver a la ciudad de Victorio Macho para que yo pudiera votar también.
En el colegio electoral hemos observado que, encima de un armario, había guardados una serie de óleos de curiosa factura, entre los que destacaba un retrato de una mujer que nos recordaba sospechosamente a la vicepresidenta…
Juzguen ustedes mismos.








