Gracias a que no teníamos planes concretos para hoy, hemos decidido rápidamente cambiar el rumbo e ir hacia la zona en la que existen las mejores vistas del Fuji, o al menos, las que más nos gustan, que son, por cierto, las que decoran mi despacho desde hace casi dos años.
Al final nos hemos salido con la nuestra y el dios Montaña, la deidad más importante del shinto, se ha presentado majestuoso a los habitantes de Japón (y a quienes pasábamos por allí).
Luego un remojón de lujo, y para Tokio.
En el camino de vuelta hemos ido comentando la curiosa coincidencia de poder fotografiarnos con los picos más altos de nuestros dos países favoritos, en un plazo de apenas dos meses.



