Ayer por la noche, eligiendo película, nos decidimos por una de catástrofes.
2012, estrenada el pasado año (no confundir con «2012 Doomsday», estrenada en 2008) comienza con la escena en que un eminente astrofísico detecta notables cambios en el núcleo terrestre y comienza a avisar a sus conocidos. 
A partir de ese momento, la película se convierte en la narración de las peripecias de una familia con el fin del mundo literalmente pisándoles los talones.
La película se asienta sobre una profecía maya que afirma que el final del mundo «como lo conocemos» llegará con el solsticio de invierno del año 2012, una teoría de la que ya hablamos hace casi dos meses.
Si bien 2012 no es una película que defraude abiertamente, hay que reconocer que teníamos mejores expectativas sobre ella.

Y es que, Roland Emmerich vuelve a seguir al pie de la letra su su plantilla de siempre con la evidente intención de llegar a la audiencia más amplia posible.

Como en toda película catastrofista que se precie, a lo largo del extenso metraje, se suceden las llamadas telefónicas de personas despidiéndose, mientras se amasa el conocido revoltijo de clichés de héroes voluntariosos, villanos egoistas, científicos infalibles, políticos inhumanos, etc, aunque para mayor gloria del film, no recordamos un solo chiste malo (¿milagro?).

Es quizás el mejor ejemplo de cómo se puede pasar un rato muy muy entretenido y divertido con una película que en realidad es un drama de dimensiones planetarias, lo que quizás decepcione a aquellos que quedaron encantados con películas como «Monstruoso» o «Señales del Futuro«.
El trabajo técnico, sobre todo en lo que se refiere a efectos visuales, es impecable y, en nuestra opinión, el mejor trabajo visto hasta la fecha, al menos en lo que a cine de catástrofes se refiere.
La pata más coja de esta película es el apartado de las escenas de acción así como de determinados elementos del guión. Y ello porque, apenas comienza la acción, se observa un excesivo recurso a las escenas «al límite», salvamentos «en el último segundo» y cosas por el estilo.

En suma, al film le falta el buen gusto y la «credibilidad» de «Señales del Futuro«, de Alex Proyas, o el hiperrealismo de «Monstruoso«.
Aunque es entretenida durante la mayor parte de su excesivo metraje, su simple guión no está a la altura de la grandeza de su producción física.
Por cierto, ¿se habrá llevado alguna subvención pública que explique por qué se hace tanta alusión a un parque nacional un tanto de modé como es el de Yellowstone?






